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Archive for the ‘El Archivo Español’ Category

palabras

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Traducido por Claudia Sangoi

Podías habérmelo dicho que eso no era amor, podías hasta despertarme en la misma mitad de la noche y decirme: escucha, lo he pensado, me he quedado por años escuchándote serruchar la oscuridad con ese cuchillo oxidado que tienes en la nariz y me he dado cuenta, a pesar del fragor que me saturaba el pensamiento y que arrancaba el empapelado de mi serenidad, de que siento inesperadamente un inmenso alivio porque finalmente he acabado de dejar de amarte, hasta pasar – créeme, nunca confié en llegar a eso – hacia la otra parte del desamor, a ese maravilloso e inconmensurable espacio de la vida que es mi personal libertad, donde puedo imaginar ser de nuevo feliz, feliz de una felicidad sin condiciones, sin los bordes del alma pisoteados por tus pasos cansados, sin todas las señales desesperadas del cuerpo que, al dolerme, me intimaba a irme, sin tu mirada vaga que contemplaba el polvo lloviéndome sobre el alma; podías habérmelo dicho, con otras palabras, si las que dije no son las mejores, pero decírmelo, hacerme entender que se había terminado cuando todavía quedaba algo por terminar, por consumir en un último abrazo, por discutir tal vez, para hallar una razón, para no llegar a ser tres en esta cama estrecha, porque -dices- te has alejado tanto que hasta te olvidaste de dejarme.

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palabras

Read in Italiano

Traducido por Claudia Sangoi

Claudia mi ha regalato la traduzione che potete leggere qui di seguito. Sono affascinato dalla sua lingua anche quando si tratta della lista della spesa, figuriamoci se poi è una lista che ho scritto io… Grazie Claudia!

En la vida puede haber de todo y cuando digo todo quiero decir de veras todo, entonces deja ya de quejarte y prende conciencia, has comido mierda, qué novedad que me cuentas, como si fueras la primera o creyeras ser la última, de eso debería descender digo yo algo así como una especie de legitimación o la sensación de ser distinta, de tener más derecho de las que te han antecedido a quejarte del asco que has sentido y que más pasan las horas y más se vuelve concreto e intolerable en tu pequeña conciencia pigmea, en ese tortellino yocéntrico que llamas tu misma, no solamente por el asco en sí, aunque la náusea suba y baje como la marea, una marea que va a minutos, no a horas, sino sobretodo porque, junto al hedor que te sube desde el exófago con cada nuevo eructo te acuerdas sin poderte olvidar o disculpar que esa mierda la has comido de voluntad propia, con la cara feroz y todo que tienen los que van a comerse una grande, convencidos de que en la vida es suficiente querer y que lo demás no cuenta porque en la vida puede haber de todo, hasta comer mierda, en la vida puede haber de todo, hasta comerla pensando en positivo, sin dramas, puede haber de todo, tal vez sabiendo que hay cosas peores: como, imagina si hubiera sido vómito.

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docedécimos – restos de una memoria excesiva

Traducido por Rosa Martínez

Después de cenar, mi hija viene corriendo y grita que la abuela sale por la televisión. Efectivamente, en las noticias hay un tipo que entrevista a otro que sostiene que la vida ya no es tan tranquila como antes. De fondo aparece nuestra casa familiar en Daulo. Una señora muy pequeña saluda con la mano. Mi hija responde al saludo susurrando un hola abuela Lu. Después la cámara sigue al periodista a través de la plazoleta hasta encuadrar una casa con los balcones abiertos de par en par. En la zona hay tanta policía que parece un partido de fútbol. Muestran en antena la foto del hombre que se ha atrincherado en la casa desarrendada con rehenes y que amenaza con hacerse saltar por los aires si no le permiten hacer una llamada.

«Sólo faltaba el loco» dice mi mujer.
«¿Pero qué loco ni loco? Si es Armando, el anárquico Armando. Que yo sepa es un tipo con las ideas claras: detesta el fútbol, la política, la familia y los carabinieri, pero no es mala persona» le digo.
«Sólo para los de tu pueblo puede tener las ideas claras alguien como él»
«¡Papá, la abuela le ha dado el teléfono al policía! »
«¡Ya sabes que no quiero oírte decir mentiras, si no acabarás siendo como él!» es decir, yo…
Suena el teléfono. Las bocas adultas se abren, las piernas cortas saltan.
«¿Diga? Yo te veo, ¿tú me ves a mí? Un momento… es para ti, es aquel señor policía»

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docedécimos – restos de una memoria excesiva

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Traducido por Rosa Martínez

Arturo el loco tenía voz de tenor y porte de soprano. Se teñía la barba y el pelo de negro y se alzaba en la cresta un doble emparrado duro, como un tiburón caramelizado por la laca. Hacía lo mismo con la punta de la perilla y del bigote, tencas puntiagudas como los Staedtler HB recién sacados de su caja. Su único uniforme era un mono rojo, parecido a los que llevan los mecánicos, pero ceñido y lleno de cremalleras plateadas. Las botas era negras y brillantes como su pelo.
Llegaba a la plaza pregonando con su Mirafiori 131 y frenaba de golpe delante de la taberna en la que más gente había fuera. Entonces bajaba rápidamente y dejaba que el coche continuase solo a dos por hora, y arengaba a la muchedumbre, que no se perdía el espectáculo por nada del mundo, fuese invierno o verano.

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docedécimos – restos de una memoria excesiva

Traducido por Lala Romano

El oficial de policía Scantamburlo y el doctor Franchin, patólogo, eran dos almas buenas. De ellos, cualquiera en Daulo Inferiore siempre podía hablar lo mejor. No teniendo aún los treinta años, en el tiempo que le siguió a la guerra, de ahora en adelante habían lograron hacer prevalecer la justicia y la verdad, incluso cuando hubiese sido más útil -sobre todo a su carrera- hacer cualquier inocente concesión de arrogancia a las apariencias. Obstinados e infatigables no desistieron a un solo caso sin resolver y menos cuando provenían del archivo del Ministerio a pesar de que llegaban frecuentemente sobre el tiempo de la prescripción.

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docedécimos – restos de una memoria excesiva

Traducido por Lala Romano

En Daulo Inferiore vivía una maga capaz de hacer un único encantamiento.

Sucedió en un día de los primeros meses del ’72, faltaba poco para la medianoche y el timbre logró apenas descalibrar el agudo muro de decibel producido por los ronquidos de mi padre. Mi madre y yo aún estábamos en la puerta y eso que vi pocos instantes después no lo olvidaría jamás: era Mónica, la hija mayor de nuestro vecino, el Sr. Brighetti de quien todos hablaban muy bien. Bien hablaba el dueño de la empresa donde él era empleado, hombre de bien decía el párroco que lo veía siempre en la primera misa de la mañana, también lo decía mi padre porque apreciaba sus buenos modales cuando lo encontraba por la calle, bien pensaba yo porque me restituía la pelota cuando se me iba a su jardín y en vez de tomar cruentas represalias la retornaba con un tiro calibrado.
Me gustaba mucho Mónica, las líneas finas de su rostro, su cabello rojizo siempre al viento y el suéter de lycra ajustado que denunciaba su naturaleza, como decía mi hermano una sana portadora de tetas.

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Se stasera qualcuno si presentasse alla mia porta dicendo:
apri, ti ho portato quel regalo che mi hanno detto desideravi tanto
probabilmente direi:
grazie, non voglio niente… vattene o chiamo la polizia!
sono tempi difficili.

Mi è capitato invece di avere alla porta non una, ma cinque persone, tutte e cinque inaspettate, tutte e cinque con più regali di quanti ne potessi desiderare. Il caso ha voluto che quella alla quale hanno bussato fosse la porta 80 della mia connessione adsl, così non ho potuto commettere la sciocchezza di rifiutare a priori.
Di che regali sto parlando?
Traduzioni!
E traduzioni di qualità, estremamente professionali e di raffinata sensibilità letteraria.
Sperando di non rovinare la loro reputazione presente e futura, ecco i loro nomi:

Rosa Martínez, María del Carmen Romano, Maria Cañes, Pablo Herrero Hernández, Luca Bianchi. A Xelo Gómez la mia gratitudine per avermeli fatti incontrare.

Avrò modo nelle prossime settimane di aggiungere i loro profili in una pagina a parte, intanto vorrei inaugurare questo archivio con due racconti:

Elena (Rosa Martínez) e Cenicienta (Maria Cañes)

Ve ne proporrò alcuni anche in portoghese e in francese, questione di poco ormai.

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