palabras
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Traducido por Claudia Sangoi
Podías habérmelo dicho que eso no era amor, podías hasta despertarme en la misma mitad de la noche y decirme: escucha, lo he pensado, me he quedado por años escuchándote serruchar la oscuridad con ese cuchillo oxidado que tienes en la nariz y me he dado cuenta, a pesar del fragor que me saturaba el pensamiento y que arrancaba el empapelado de mi serenidad, de que siento inesperadamente un inmenso alivio porque finalmente he acabado de dejar de amarte, hasta pasar – créeme, nunca confié en llegar a eso – hacia la otra parte del desamor, a ese maravilloso e inconmensurable espacio de la vida que es mi personal libertad, donde puedo imaginar ser de nuevo feliz, feliz de una felicidad sin condiciones, sin los bordes del alma pisoteados por tus pasos cansados, sin todas las señales desesperadas del cuerpo que, al dolerme, me intimaba a irme, sin tu mirada vaga que contemplaba el polvo lloviéndome sobre el alma; podías habérmelo dicho, con otras palabras, si las que dije no son las mejores, pero decírmelo, hacerme entender que se había terminado cuando todavía quedaba algo por terminar, por consumir en un último abrazo, por discutir tal vez, para hallar una razón, para no llegar a ser tres en esta cama estrecha, porque -dices- te has alejado tanto que hasta te olvidaste de dejarme.
